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Luz, Cámara… ¿URTICARIA?

Para Shelly, subir al escenario cobra un significado completamente diferente con la urticaria.

Espero en un pasillo con otras 50 personas más. Algunas están sentadas, otras están despreocupadamente apoyadas contra la pared y el resto de nosotros caminamos nerviosamente. En silencio practico el texto en mi mente, pero sigo olvidándome las palabras que, normalmente, podría repetir mientras duermo. Sudo a pesar del aire acondicionado y, cuando escucho que pronuncian mi nombre para presentarme en el escenario, me pregunto si me resbalaré para caerme y golpearme la cara contra el suelo frente a todo el jurado de selección. “Por favor, no te brotes”, me repito a mí misma sabiendo que,  en ocasiones, el estrés afecta mi urticaria.

Cualquier persona que se haya presentado en una audición para obtener un papel, en una obra o para desempeñarse en un juego deportivo o espectáculo musical, puede contarles lo aterrador que puede ser, y multiplíquenlo por infinito si sufren urticaria. Es una situación en la que uno se expone a la merced de personas que están ahí para criticarlo. Incluso aquellos que han sido actores toda su vida aún pueden sentir nervios antes de una audición. Hay pocas cosas que para mí son tan aterradoras como la primera vez que me presento ante un director de reparto para darle lo mejor de mi actuación mientras lucho contra los nervios que amenazan con avergonzarme.

En muchos aspectos, este miedo es comparable a vivir con urticaria. Cuando tengo ronchas visibles, con frecuencia me siento como al estar en el escenario, expuesta bajo las brillantes luces que me alumbran mientras todos me observan. Siempre soy consciente de cada pequeña parte visible de mi piel, de cada movimiento que hago y de la percepción que los demás tienen de mí.

También existe un similar temor a lo desconocido. Me preocupo por lo que sucederá el siguiente minuto, la siguiente hora o incluso durante el día. Este es el momento cuando la urticaria se convierte en algo más aterrador que cualquier audición. Mientras que una audición hace que no deje de temblar durante unas horas, no tengo idea de por cuánto tiempo me afectará un brote de urticaria. Existe un cierto grado de terror en no saber por cuánto tiempo existirá esta enfermedad y eso puede ser extremadamente frustrante.

Cuando no hago un buen papel en una audición, puedo regresar a casa, dejar que la situación pase y recuperarme. Cuando tengo un brote, nunca sé qué tan grave será ni cuánto tiempo me llevará volver a la normalidad. Lo impredecible de una enfermedad como la urticaria es una aterradora realidad para mí.

Cuando el miedo desaparece…

La periodista Dorothy Thompson dijo una vez: “Solo cuando ya no tenemos miedo comenzamos a vivir”. Este es el enfoque que he elegido adoptar como actriz y también como una persona que vive con urticaria. Así como no puedo permitir que el temor al fracaso me impida volver al escenario cada vez, no me haría ningún bien permitir que el temor a la urticaria me impidiera vivir mi vida. Creo firmemente en pedirle más a la vida y no permitir que esta enfermedad me derrote.

Es posible que jamás sepa cuándo la urticaria volverá a hacer sentir su desagradable presencia, pero no me quedaré sentada limitándome mientras espero que suceda. No puedo permitir que el temor a lo futuro me quite la alegría al presente. Sin importar cuán aterrador pueda ser, siempre sé que resultaré fortalecida después de todo y estaré lista para afrontar mi próxima escena.

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